Testimonios

En ese momento pensé en no exagerar, seguramente no había espacio y había sido un accidente

Por Angie.

Hoy me iba a bajar del bus, el tipo que iba sentado a mi lado me había observado durante todo el camino, yo me sentía muy incómoda y me hacía la marica; cuando ya iba a bajarme el tipo simuló que no tenía espacio para dejarme pasar, yo me lo creí y en mi intento de pasar el man roso sus manos contra mi culo. Así casual como cuando no hay espacio. En ese momento pensé en no exagerar, seguramente no había espacio y había sido un accidente, me dije a mi misma: ¡deja de ser tan paranóica Angie! y actué como si no hubiera pasado nada. Me baje y mientras esperaba para cruzar el semáforo el bus se detuvo para recoger a un pasajero, el tipo se había hecho al lado de la ventana y quedó justo en frente mío. El acosador no dudo en sacar su cabeza por la ventana y en empezar a decirme lo rico que era mi culo y otro montón de porquerías. Me sentí muy incómoda, no pude reaccionar con una agresión como normalmente suelo hacerlo. Me reproché por no haber confiado en mi misma. Siento mucha rabia.

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Noticias

Acoso es violencia, también para ellos

El abuso y el acoso sexual hacia hombres es un tema del que poco se habla. A raíz de los dos casos que se han mediatizado en los últimos días, se han evidenciado las posturas alrededor de este tema y surgido también interrogantes.

Caso 1.

Edwin Mejía Cuartas, el 27 de mayo, publicó desde su perfil de FB un vídeo donde cuenta como fue acosado en el metro por una mujer quién además tocó sus genitales. Él lo relata como una ‘situación bastante incómoda’, a la que no supo reaccionar ni cómo responder, quedó en ‘shock’ y se sintió mal. En medio de su relato reflexiona que ‘la sociedad nos ha enseñado que suele ser al contrario, que son los hombres los que acosan a las mujeres, pero esta vez yo sentí algo así’.

Rápidamente el vídeo se viralizó y los comentarios no se hicieron esperar. Algunos dudan de la veracidad de su relato, otros le recriminan no haber sacado provecho de la situación. A la mayoría simplemente le causa gracia. Pero también se encuentran manifestaciones de apoyo, hombres que comparten experiencias similares a la suyas y voces de aliento y admiración por no guardar silencio.

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Caso 2.

Una profesora de inglés en Houston (Texas) abusó durante casi un año de un joven de 13 años con consentimiento de los padres del menor. Empezando con el título de la noticia el tratamiento que se da a este caso de abuso sexual es errado. Por otro lado, las fotografías de la profesora dan pie a comentarios sobre su aspecto físico y lo afortunado que debía sentirse el joven abusado.

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Como en el caso 1, los comentarios toman varias direcciones. Muchos, señalan jocosamente que habrían querido tener una profesora como ella, mientras otros condenan la doble moral de juzgar positivamente a una abusadora por ser mujer y atractiva.

De lo anterior podemos sacar algunas conclusiones:

Los hombres también son parte de la cultura de la violación que culpa a la víctima del abuso que sufre. En el caso de Edwin Mejía, se desconfía de su testimonio y se le culpa por no haber sido capaz de actuar en el momento aun cuando reiteró que quedó en ‘shock’. En el caso del niño de 13 años se minimiza su experiencia al exaltar los atributos físicos de la profesora que abusó sexualmente de él.

Las características socialmente atribuidas a la masculinidad dejan a los hombres en situación de vulnerabilidad en lo que se refiere al abuso. La escasez de testimonios al respecto no significa que no haya numerosas experiencias de acoso hacia hombres, sino que debido a prejuicios sociales prefieren callárselos. El miedo a ser tildados como afeminados, maricones o débiles, los persuade de denunciar.

Lo anterior está profundamente arraigado con la forma en que se ha construido socialmente la masculinidad.

La masculinidad debe ser entendida como un proceso reiterativo, como un ideal en el que se debe trabajar constantemente; es un proceso de negociación permanente ““que se inicia desde la infancia y se prolonga a lo largo de la vida y en la cual intervienen tanto los juicios de los ‘otros significativos’ como las propias orientaciones y autodefiniciones.” (Viveros, 2002: 122) Los otros significativos que menciona Viveros son principalmente otros hombres. Las mujeres son el otro que representa la no masculinidad o los receptáculos de muchas de las acciones reafirmantes de la masculinidad.  Esta concepción de la identidad masculina como un proceso, ubica la masculinidad como un ideal por el que se trabaja a lo largo de la vida, al que no se llega nunca realmente, pero del que es muy fácil alejarse. Probar constantemente el nivel de masculinidad es un proceso costoso física y emocionalmente para los hombres concretos que la viven, siendo la violencia un elemento central en esta.

Los hombres son educados para saber manejarse violentamente en sociedad, estar preparados para responder a la violencia con violencia y a tener cuerpos aptos para pelear. De hecho, prácticas consideradas masculinas son netamente violentas y ponen en peligro las vidas de los hombres, como las carreras de autos y las peleas. Anastasia Téllez pone de relieve la “mayor tendencia masculina a manifestar comportamientos violentos, arriesgados o competitivos, aspecto que se refleja en un mayor índice de mortalidad de los hombres en comparación con el de las mujeres, por motivos de accidente o violencia” (Téllez, 2011: 94) Para no descender en la escala de la masculinidad deben estar dispuestos a defenderla todo el tiempo, y pocas veces se pone en consideración la desventaja física o el estado emocional de los implicados.

Los hombres están obligados socialmente a reiterar constantemente que son merecedores del lugar de privilegio ocupado por la masculinidad. Si no lo hacen corren el riesgo de descender en la escala jerárquica y ubicarse en el lado de lo femenino, que es considerado inferior, subyugado y de menor valía.

Volviendo a los dos casos que han generado estas discusiones, reiteramos que los hombres también son violentados sistemáticamente, no sólo por mujeres sino también por otros hombres. El acoso es violencia provenga de quien provenga y no debe ser tolerado, ni normalizado, ni convertido en burla.  El primer paso, siempre, es la visibilización, romper el silencio, poner en evidencia, apoyarnos entre todos y todas.

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Ella lo estaba pidiendo.

48572WideModern_WomanNightAlone_131015En agosto de 2012 el país conoció el nombre de una mujer víctima de una de las peores agresiones registradas hasta ese entonces. Rosa Elvira Cely murió tras el ataque de Javier Velasco, en su momento compañero de estudios de la mujer y tras quien cursaba una orden de captura por un hecho similiar.

Rosa se convirtió en un símbolo que movilizó a millones y que hizo necesaria la aprobación de la Ley del Feminicidio que lleva su nombre.

 

Hace a penas dos años, la familia Cely decidió interponer una demanda contra varias instituciones. Argumentan que no se tomaron las medidas pertimentes para evitar el ataque y posterior fallecimiento de la mujer.

Las instituciones demandadas respondieron a través de sus abogados, pero una de ellas fue más allá.

La Secretaría de Gobierno a través de la abogada Luz Estela Boada se dedicó a esgrimir todos los prejuicios existentes que se han utilizado para culpar a las víctimas de violencia sexual. Una versión extendida del tristemente recurrente ¡ella lo estaba pidiendo!
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Nayibe Carrasco, jefa de la Oficina Jurídica de la Secretaría de Gobierno, delegó a Boada para asumir la defensa del Distrito. Se sabe ahora por declaraciones de  Miguel Uribe Turbay, Secretario de Gobierno, que la carta de renuncia de Carrasco fue presentada en las últimas horas.

 

Si bien es cierto que la oficina jurídica tenía autonomía para dar contestación a la demanda, un caso tan emblemático debió pasar por las manos del Secretario.  Nos preguntamos cómo es posible que absolutamente nadie se halla fijado en la tremenda injusticia que estaba cometiendo contra Rosa, su familia y todas las personas que han sufrido abuso.

 

En palabras de Uribe, el Distrito pedirá que el argumento de Boada no sea tenido en cuenta por el juez correspondiente.

No obstante, quedan otras preguntas que traspasan el caso en particular: cómo y por qué se nombran funcionarios que creen lícito imponer sus prejuicios por encima de los derechos y la obligación que tiene el Estado de proteger a todos sus ciudadanos.

 

Cuántos abogados, jueces, fiscales, médicos y celadores, obligan a que las víctimas pasen por sus filtros de moral cuando asisten a ellos en una dolorosa búsqueda de reparación y justicia.
El accionar de estos funcionarios es un alivio para los victimarios.

 

Resulta aterrador que las instituciones que deberían garantizar nuestros derechos nos condenen a un permanente estado de indefención.

 

Al Distrito y al Estado le exigimos un compromiso real en contra de la violencia que también se ejerce desde allí.

Para que quede claro, no, ella no lo estaba pidiendo. Ninguna víctima de violencia sexual lo ha pedido.

 

Atrévete Bogotá Ihollaback.

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“Es un acto que repugna”

Por Alexander.

No fui yo victima del acoso, fue mi pareja sentimental.
Estoy seguro de que muchas personas al igual que yo piensan en como responder a una agresión verbal o insinuación sexual, independientemente de que uno sea o no receptor de dichas palabras.
Tanto en la 53 como en la Torre colpatria he sido testigo de insinuaciones sexuales hacia mi pareja sentimental, lo cual es un poco denigrante.Uno quisiera responder de una manera acertada y cerrarles la boca a ése tipo de Colombianos retrógradas pero veo que nada me favorece al intentas hacer algo.
Mi pareja y yo, en una tarde cualquiera decidimos que queríamos ir a la torre colpatria para poder ver la ciudad desde lo alto, una actividad común para adolescentes, pero en lo que nos acercábamos nos percatamos de que habían finalizado un evento, por lo que obviamente habían policías;unos ayudando, otros simplemente charlando; en lo que me percato y oigo a alguien pronunciar las siguientes frases:”mamasita” “Uy, Hola, suegrito” “Que rico, tu solo sigue moviéndote” y entre las mas común es “Sí como caminas cocinas…”. En lo que volteo a ver quien era y solo veo a un combo completo de policias demostrado su hambre sexual hacia una menor de edad, una menor de edad que podría ser hermana o incluso hija de cualquiera de esos Nendeartales, y es ahí cuando yo me pregunto, ¿se está violando la integridad o la autoestima de mi pareja?, ¿realmente en Colombia existe la protección a la minoría de edad?, ¿qué tan seguras están las mujeres si hasta los “protectores” de lo civiles incurren en éste tipo de actos grotescos y machistas?, ¿se puede considerar como un acto de Pedofilia? y la pregunta que las rabia me da recordar, ¿Se puede hacer algo para poder castigar éste tipo de actos?.
Es un acto que repugna, es un acto de perdida total de la moral e integridad de los y las colombianas.
¿Enserio?…¿un policía promoviendo el acoso sexual callejero a través de una MENOR DE EDAD?

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“Cogí valor y empecé a gritar”

Por Angélica.

Iba en un bus por la calle 100 con carrera 68, masomenos. Un hombre disfrazado de mimo se subió a pedir dinero, luego se sentó detrás mío. Las sillas del bus (un bus evidentemente viejo) tenían un espacio entre la base de la silla y el espaldar. Este señor trató de frotar su verga con mi trasero metiéndola por este espacio. Al principio me angustié muchísimo, pero de alguna forma cogí valor y empecé a gritar que era un violador y traté de golpearlo. El hombre que estaba al lado mío lo insultó y cambió de puesto conmigo. No pasó nada más.

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“¿Qué pasa cuando nadie intercede?”

Por Alejandra.

Desde niña he sufrido el acoso. Mi mama me enseño que ante la intolerancia no hay que responder, me enseño que si me insultaban, o me pegaban, no debia responder y que debia decirle a alguien mayor o que tubiera autoridad, para interceder en el hecho. Pero que es lo que pasa cuando nadie intercede? Te sientes solo, y te reprimes a ti mismo el no haber actuado por tu cuenta. Es lo que pasa con el acoso callejero. Cuando recien me empezaron acosar, tenia 10 años. Me decian obcenidades, me silvaban, me miraban de una forma morbosa, hasta me llegaron a tocar. En el momento solo me callaba, bajaba la cabeza y le contaba a mi mama, lo cual ella respondia ‘ya no se puede hacer nada, no se pueden encontrar, denunciar, nada’. Me resipne a pensar, que simplemente no les debia prestar atencion. Pero llegas a un punto en que el acoso aumenta, y es mas constante, que ya pasa a afectarte psicologicamente, y eso me paso a mi. El sentirse como un objeto sexual, es horrible, aun vestiendome lo mas cubierta posible, los hombres molestan, es injusto que tengas que cambiar tu rutas y tu forma de vestir para que no te acosen. Es como si nos estubieran echando la culpa del acoso que nos hacen los hombre. Donde esta mi libertad? Donde esta mi seguridad?. Una vez me atrevi a responder, y sali peor de ofendida. Mi error desde el principio, fue el quedarme callada, el no responder. Mas de una vez he llorado y me he lastimado, esto es un problema que me afecta psicologicamente. Mas de una vez me enojado conmigo misma, por quedarme callada. Por que los hombres simplemente no pueden respetar?…

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“Me Tocó”

Hola, esta es mi historia.

Esto que me sucedió resultó ser mi lindo regalo de amor y amistad, si, porque me ocurrió aquel mismo sábado donde todos se suponen deberían estar felices dándose amor entre parejas y amigos, pero yo fui la excepción, y nose cuantas chicas mas de este país injusto no vivieron ese lindo dia por un caso similar.

Todo empezo el sabado por la tarde,iba con mi hermana a hacer una vueltas cerca de nuestra casa y de pronto se nos ocurrió ingresar a un almaximo que se encontraba por nuestra ruta a comprar chocolates para celebrar el dia. Al salir de este lugar y cruzar la avenida nos encontramos con que había un billar con muchos borrachos afuera y decidí decirle a mi hermana que no pasaramos por allí porque ambas íbamos en short y no quería que fuésemos morboseadas, así que cruzamos distanciadas del lugar, sin embargo mi acosador logro vernos y seguirnos hasta encontrar la zona ideal para atacarme, una zona oscura que queda una cuadra de mi casa, donde se producen frecuentemente robos y eso que se supone que no es un barrio peligroso, pues si, cuando ibamos pasando por allí, a pesar de no estar tan oscuro porque apenas eran las 6:30 pm, sentí de repente pasos muy cerca pero no alcance a voltear, cuando sentí fue que alguien me abrazo por la espalda, me agarro fuertemente mi cola y debido a que iba en short de una tela flexible logro introducirme un dedo a nivel vaginal, de allí a aparecer tirada en el piso con mi hermana diciéndome que pasó, no recuerdo nada, solo recuerdo gritar y verlo huir, mi hermana quedo en shock al igual que yo y no sabia que me había hecho, porque no llevaba nada que me pudiese robar, ni mi celular, todo lo llevaba mi hermana en un bolso. En fin mi hermana me preguntó qué había pasado, todo fue tan rápido que ni ella lo noto, ni pudo reaccionar, solo pude mencionar en medio del shock, “me toco” ella dice que yo ni era capaz de levantarme del suelo, la verdad no recuerdo muy bien esa parte solo se que me pare con ayuda de ella y corrimos hacia mi casa (según me cuenta mi hermana). Donde una hora después fui revisada por una médico conocida y calmada, aunque mis sentidos duraron alerta toda la noche y no dormí nada.

Cabe mencionar que intente denunciar esto, primero me dijeron que no era acoso, que no ameritaba denuncia, sin embargo hice lo que pude para con ayuda de algunos familiares buscar cámaras de seguridad de nuestra ruta y ver cual era el acosador, y así fue, aca les presento una fotografía de él (aunque no resulte ser muy clara), resultó ser un tipo que estuvo tomando en aquel billar desde las 2:00 de la tarde y que precisamente decidio irse cuando mi hermana y yo íbamos pasando por el lugar y que al vernos decidió seguirnos y atacarme, sinceramente no me explico que pasa por la mente de estas personas, aun no supero lo que me sucedió y aun salgo con miedo a las calles, ya no salgo sola y de noche odio salir incluso a la tienda de la esquina.

Finalmente un mes después pude denunciar, y llevar el video del tipo ante el CTI y dar mi declaración y la de mi hermana, sin embargo la respuesta que me dieron fue que probablemente mi caso se archivaria porque querían que les llevase nombre y numero de cedula de mi agresor, cuando fue un total desconocido que nunca antes había visto, además no se investigaría a fondo debido a que no había sido nada grave (según ellos) y para completar mi caso ni siquiera paso a las autoridades como acoso sexual, sino como una simple injuria por vías de Hecho, que es lo mas gracioso de todo, y así capturacen a mi agresor me llamarian a conciliar con él para que me pidiera una disculpa, que descaro, sinceramente me asombra la justicia de este país. Solo espero que este tipo no este haciendo lo mismo con otras chicas por ahí, e incluso con niñas, porque si se atrevió a hacerme eso a mi, que iba acompañada, nose de que sería capaz de hacerle a una niña sola e indefensa, incluso a sus propias hijas o sobrinas o hermanas.

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La otra violación: amarillismo y violencia de género

11793196_1099041906777315_1009624696_nA primeras horas de la mañana el país se enteró del ataque sufrido por una operadora del Sistema Integrado de Transporte Público de Bogotá (SITP). Según los primeros informes la mujer había sido abusada por tres individuos en la noche del 23 de julio.

Un hecho sin precedentes hasta hoy, no porque no existiesen antes este tipo de agresiones, sino porque la de hoy tuvo como víctima a una conductora de un sistema que apenas se abre camino en la ciudad y que gratamente, ha incluído a las mujeres como fuerza de trabajo en una serie de profesiones tradicionalmente masculinas.

 

Los medios de comunicación empezaron a inundar las redes con la noticia. El Espectador, El Tiempo, KienyKe y el sistema de noticias Citytv, se otorgaron el derecho de poner en sus notas los detalles más aberrantes sobre este suceso, en un intento depravado por generar audiencia más que por informar.

El periodismo amarillista que pasa por encima del derecho a la intimidad, revictimiza a la conductora, menguando una vez más su dignidad y de paso, la de todas las personas víctimas de agresiones sexuales.

Por su parte, voces ciudadanas hacían eco de soluciones para ‘prevenir’ las violaciones, sugiriendo que las operadoras del sistema no deberían trabajar a tan altas horas de la noche. Con eso solo volvemos entonces al absurdo de proponer un toque de queda para las mujeres y para todos aquellos para quienes la ciudad sea peligrosa. Esto no sólo desconoce las dinámicas de las agresiones sexuales -la mayoría de ellas se presentan en círculos cercanos como la familia o amigos- sino que vuelve a poner la atención en las víctimas, como si fueran ellas quienes ‘facilitan’ las condiciones para ser agredidas.

Desgraciadamente la violencia y en particular la violencia sexual, tiene un vergonzoso lugar en nuestra cotidianidad. Los esfuerzos por disminuirla deben pasar por un cuidadoso análisis de cada uno de nosotros, de los mensajes que emitimos y de la impunidad que le concedemos a violencias más sutiles.

Por supuesto, las instituciones encargadas de impartir justicia deben garantizar las capturas y condenas adecuadas. Ya bastante adeudan a una opinión pública que ante la impunidad, desea impartir justicia por sus propias manos.

Debemos rechazar categóricamente toda agresión sexual a cualquier persona, así como los intentos de algunos medios de comunicación de convertir una tragedia que deja miles de víctimas a diario, en un circo mediático.

El miedo no es una opción. Si permitimos que triunfe, habremos fracasado como sociedad.

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