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Sí se puede coquetear en el espacio público, pero hay todo un ritual detrás de eso

Por Mariana

Un sábado en la mañana me subí en mi bus luego de cumplir una cita muy temprano en Gran Estación. Mi bus va para Kennedy y toma la av 68 a la altura de la 13. Yo iba mirando por la ventana y veo a un muchacho alto y muy lindo que estaba en la calle.

Él paró el bus y se subió, yo lo seguía atenta con la mirada y él se fijó. Pagó su pasaje y se sentó a mi lado aún cuando habían muchos asientos desocupados. Yo entonces me hice la loca, como quien nada que ver. Él me miraba pero no se animaba a hablarme. Pasaron unos minutos sin que ninguno de los dos dijera nada y entonces me animé y le dije “sabes si este bus me deja lejos de X parte?” Y empezamos a hablar de tonterías… coqueteamos, intercambiamos números.

Cuento esto porque la otra vez me tildaron de retrógada por decir que no estaba de acuerdo con los piropos callejeros. Sí se puede coquetear en el espacio público, pero hay todo un ritual detrás de eso, uno ve primero si la otra persona está interesada, y crea un contexto para luego ir más allá. A los piropeadores no les interesa coquetear sino molestarte, sentirse poderosos.

Y bueno, ya vamos en nuestra segunda cita y hablamos de esto, él estuvo de acuerdo conmigo y sabía de Atrévete y me sugirió que escribiera acá.

Sobra decir que ahora que sé que también está en contra del acoso callejero, me gusta más :)

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Comencé a llorar y los vecinos entraron a sus casas

Por Liliana
Soy estudiante de Trabajo social, de la UdC, soy y vivo en Cartagena, adelantando con unas compañeras un trabajo sobre los piropos como forma de violecia, me he encontrado con los testimonios de muchas mujeres, pero me he negado a exponer el mio, pues ni yo misma trago lo que vivimos casi a diario.

Uno de los eventos mas fuertes para mi sucedió hace ya 6 años yo tenia solo 13 años de edad, iba caminando por un callejón aledaño mi casa, me faltaba menos de una cuadra para llegar. El callejón estaba solo mas yo iba tranquila por que las vecinas y lo vecinos me saludaban desde las puertas de sus casas. Al rato se me acerco un hombre en una moto, lo que recuerdo haber pensado fue “me van atracar” yo trate de avanzar mas rápido intentando terminar de cruzar el callejón, pero el hombre poso la moto bastante cerca a mi, clave los ojos al piso, me sentía aterrada y cuando pensé que me arrancaría el bolso, extendió la mano y me agarro la cola; acto seguido avanzo aceleradamente mientras yo me quedaba aterrorizada y pasmada en la calle.

Comencé a llorar y los vecinos que me saludaban metros antes entraron a sus casas o dejaron de verme. Me sentí sola, usada e invadida. Admito que ya no camino por ese callejón lo evito desde ese día. Cuando no es un grito, un piropo asqueroso o bonito (porque hasta los piropos “bonitos” para mi son asquerosos”, o un manoseo ,.. es un golpe. para mi todo eso es violencia

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“Da miedo andar sola por la calles de esta ciudad”

Por Paola

Tengo 30 años, estaba caminando por el barrio eduardo santos en Bogotà, eran como las 6:30 de la mañana, acababa de dejar a mis niños en el colegio, cuando depronto note que un hombre corria detras mio, pero la verdad no desconfie, ademas se agacho a amarrar sus zapatos,,yo segui caminando me parecio normal, a esa hora hay personas que llevan sus hijos al colegio y otras q van hacia sus trabajos, segui caminando rumbo a mi casa, cuando depronto senti q por detras alguien se me avalanzaba y me dio un golpe o un manoton en la cola,,me asuste mucho y grite, pense q ese hombre me hiba hacer algo, no se a ponerme algon en la nariz y q me raptaria,,llore mucho esa mañana, un solo señor me pregunto que me habia pasado cuando le conte de la agrecion para el fue como algo normal, pero yo no paraba de llorar,,es terrible que esto nos pase, ese irespeto por el cuerpo de la mujer, me provocaba salir corriendo detras de ese tipo y no se,,,hacerle algo,,,me sentia tan humillada,,tenia un gran dolor en mi corazon,,le conte a mi esposo q es policia,,y estuvo igual de triste e indignado q yo,,,,da miedo andar sola por la calles de esta ciudad hay muchos enfermos….

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“Cada vez que salgo sé que seré examinada minuciosamente por miles de miradas que juzgarán mi aspecto y me harán sentir usada.”

Por Ana María

Cada vez que salgo sé que seré examinada minuciosamente por miles de miradas que juzgarán mi aspecto y me harán sentir usada.

Soy una mujer de las que no encajan en el término “bonita” y aún así no he estado excluída de ser víctima de acoso. Ayer, cuando llegaba de trabajar a eso de las ocho de la noche, un grupo de hombres que tomaban cerveza en una tienda me empezaron a mirar fijamente. Yo tenía que pasar frente a ellos pues esa es la esquina en donde giro para llegar a mi casa. De repente uno de ellos dice “jum, unas por gordas y otras por flacas, te falta carnecita mi amor” Yo me volteo y le contesto “no soy su amor y sus comentarios no me interesan” A lo que ellos hacen un sonido de manada algo como un “uyyyyy” y otro de los tipos me dice “bravitas es que son más ricas”. Yo los miro con desprecio y sigo mi camino.

Como quisiera caminar tranquila sin conventirme en el objeto de entretención para los hombres. Aún con lo humillante del hecho, sentí que conservé mi dignidad contestándoles. Nunca más me quedaré callada.

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“La misma violencia que asesinó a Rosa es la que nos cosifica a diario”

Por Milena

Salgo todos los días a caminar con mis dos perros al parque. Ellos son un par de criollos grandulones y enfadadizos lo que hace que la gente evite pasar cerca de nosotros y se abstenga si quiera de decirme cualquier tontería.

El camino no es muy transitado excepto por personas que se dirigen hacia los cultivos de flores de la calle 80 y que normalmente van en bicicleta, muchas de ellas mujeres.

Yo caminaba a paso rápido y pensativa, estaba echándole cabeza al crimen cometido contra Rosa Elvida Cely, toda esa injusticia, pobre mujer, pobre familia.

De repente pasa una moto muy cerca, con dos ocupantes, el conductor se levanta la viscera del casco y me grita algo ininteligible pero pude entender la palabra “rica”. Yo sigo caminando como si nada hubiera pasado pero me da muchísimo miedo: y si los tipos se hubiera bajado de la moto y me hubieran perseguido? y si la presencia de mis perros no los detiene e intentan agredirme físicamente?

Pienso de nuevo en Rosa… Es ahí cuando entiendo que los piropos son una forma de “ponernos en nuestro lugar” a las mujeres, de recordarnos que las calles representan para nosotras una constante amenaza, que no son un lugar en el que podamos sentirnos seguras.

La misma violencia que asesinó a Rosa es la que nos cosifica a diario, la que nos hace permanecer con miedo. Pero claro, como somos una sociedad esquizofrénica rechazamos unas formas de violencia y las otras las pasamos por alto. Ojalá con el esfuerzo de todos, estos se termine pronto.

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“Estoy muy enojada y muy triste…”

Hoy fui al cine con mi hermano y salí de la sala para ir al baño. Iba yo sola y era un pasillo muy largo y vi que un hombre venia de frente y me barrio con la mirada y yo mire hacia otro lado, como ignorándolo. Cuando paso justo junto a mi dijo entre dientes “no mames que rico” . Me dio muchísimo coraje y acaba de pasar hace unas horas, ahora me siento muy mal porque ya me arruino el día! Solo tengo 17 años y no puedo creer que un hombre que hasta podría ser mi padre tenga tan poco respeto. Estoy muy enojada y muy triste…

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“Mi novio se sintió tan indignado como yo…”

Por Karhy

Caminando por la calle, pasando por el Hotel Caribe recibí junto cn una mirada desagradable un comentario sobre mi busto, cortesía del vigilante. Conteste furiosa y con uno que otro Madrazo. Cando llegué a la casa terriblemente alterada aun, le conté a mi novio y aunque fue solidario, no entendía del todo por qué tanta rabia… Después de todo no era la primera vez y no seria la última.

Le dije que me había dado tanta rabia porque, en primer lugar es indignante, ocurrió después de haber pasado con él sin que el vigilante dijera nada. Parecía no entender del todo… Le dije que me daba rabia saber que yo desde la perspectiva del vigilante o de cualquier otro “piropeador” no merecía respeto, pero que si pasaba acompañada de un hombre no decían nada. Eso significaba que él si era titular de respeto y yo no. Solo podía aspirar a ser cobijada por el que a él como hombre propietario de una mujer le correspondía.

Lo invité a caminar conmigo unos cuantos pasos detrás para que viera de primera mano de lo que hablaba, y que confirmara regresando por el mismo camino esta vez a mi lado… El experimento dió los resultados esperados. Mi novio se sintió tan indignado como yo y me motivó a ir a hablar con la persona encargada de recursos humanos en el hotel.

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Reportaje sobre acoso callejero

Hace poco nos hicieron un reportaje en La Kaja Negra. Solo algunas de las respuestas fueron publicadas. Sentimos deseos de compartir con todos ustedes el resto de las preguntas y respuestas. ¡Hélas aquí!

 

Considerando el tipo de experiencias que se comparten en su sitio web, ¿cuál es el acoso en las calles más común que perciben?

El acoso verbal es tal vez el más común, seguido del acoso mediante el contacto físico. Por acoso verbal hacemos referencia a los comúnmente llamados  “piropos”. Son palabras o frases tanto “halagadoras” como vulgares que le dice un desconocido a otro en la calle o en un espacio público con las que expresa juicios de valor sobre el aspecto físico de quien recibe el “piropo”, sin que éste se lo haya preguntado o permitido. Por acoso mediante el contacto físico hacemos referencia a lo que comúnmente se conoce como “manoseo” que es el contacto o el roce que un desconocido hace con su mano en la cola, los senos o los genitales de la víctima, en un espacio público y sin que ésta lo haya autorizado. Este acoso callejero es más común en el transporte público de TransMilenio, mientras que el “piropo” es más común en las calles bogotanas. Creemos que por ser el “piropo” el más común de los tipos de acoso callejero se ha naturalizado en nuestro país al punto que no solo se considera por muchos como una práctica normal sino positiva, y lo afirmamos porque es muy común que si te quejas de esta clase de acoso eres menospreciado por muchas personas.

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“Sentí pavor al darme cuenta de que había personas capaces de actuar de esa manera”

Mi nombre es Mirella y tengo 20 años.

Soy estudiante de la pedagógica y con frecuencia tomo el transmilenio para ir a la universidad. Quiero contar lo que me sucedió hace unos seis meses, por más que me vuelva a generar angustia el solo recordarlo.

Estaba en el transmilenio en plena hora pico. Como de costumbre, no había nada de espacio. Yo estaba vestida normal, con jeans y un abrigo corto que me llegaba a la cintura. Nada del otro mundo. En eso, empecé a sentir una sensación extraña en la nalga, no era el roce usual de estar pegada contra otras personas. Se sentía raro, intencional. Miré hacia atrás y vi que había un hombre de unos 40 años, bien vestido, con traje y corbata. Nunca me había pasado nada parecido, así que quise darle a este señor el beneficio de la duda, y me moví lo suficiente como para que me dejara de rozar.

A los pocos minutos, otra vez estaba detrás mío. Esta vez sí pude sentir que él tenía la palma de la mano abierta contra mi nalga. Podía sentir los dedos, aunque no los movía. Fui tan ilusa que pensé que no lo estaba haciendo a propósito, pensé que era mi imaginación. Creo que en el fondo prefería negar lo que me estaba pasando para evitar la escena desagradable de tener que enfrentar una situación de este tipo. Para estar segura, me di vuelta y lo miré a los ojos, a ver qué pasaba. En eso el “señor” me susurró: “todas las nalgas deberían ser así de firmes como la tuya”.

En ese momento sentí mucho miedo, sí, sentí pavor al darme cuenta de que había personas capaces de actuar de esa manera. Quería decir algo, pero sentía que no tenía voz, que no podía emitir sonidos… Traté de convencerme de que nada había pasado y me bajé en la parada siguiente, aunque no era mi parada. El tipo siguió en el bus, como si nada. Cuando el bus se fue, sin darme cuenta, empecé a llorar desconsoladamente. Muchas de las personas que esperaban los buses me miraban como si estuviera loca, otras miraban para otro lado. En un momento dado, una señora de unos 60 años se me acercó y me preguntó si estaba bien. Me puse a llorar más fuerte aun, pero conseguí explicarle lo que me había sucedido. La señora, cuyo nombre desconozco, me tomó de la mano y dijo algo que no recuerdo que incluía las palabras “desgraciados” y “malparidos”. Luego me preguntó a dónde iba y me animó para que me subiera al próximo bus. Ojalá esa señora algún día lea este testimonio y sepa lo mucho que significó para mí el apoyo que me brindó en ese momento tan triste.

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“Empecé a gritar que me estaban tocando…”

Por Lorena

Iba en un bus super lleno de TransMilenio, yendo de vuelta para mi apartamento, a eso de las 5 y media p.m. No me pude sentar porque no había ninguna silla libre, ni tampoco pude llegar hacia el centro en donde es posible que haya más espacio para uno, entonces me tocó quedarme cerca de la puerta, rodeada de un montón de hombres. De repente empecé a sentir que me cogían la cola, pero pensé que por lo que había tanta gente era un simple roce. Me moví un poco hacia donde pude, pero luego me empezaron otra vez a molestar, a tocarme. Me molesté mucho, me puse super brava y me dio tanta rabia que comencé a gritar que eran unos atrevidos, asquerosos y que me estaban tocando! Entonces la gente empezó a voltear a mirar y unas personas empezaron a gritar: “atrevidos!”, “se aprovechan que va lleno el bus para hacer porquerías…”. En ese momento noté que uno de los hombres que estaba a mí alrededor se puso nervioso. No recuerdo bien cómo iba vestido ni cómo era, pero sí recuerdo que era un señor de edad. A pesar de que se puso nervioso no quise enfrentarlo. El sentimiento fue de impotencia…

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