Reportaje sobre acoso callejero

Hace poco nos hicieron un reportaje en La Kaja Negra. Solo algunas de las respuestas fueron publicadas. Sentimos deseos de compartir con todos ustedes el resto de las preguntas y respuestas. ¡Hélas aquí!

 

Considerando el tipo de experiencias que se comparten en su sitio web, ¿cuál es el acoso en las calles más común que perciben?

El acoso verbal es tal vez el más común, seguido del acoso mediante el contacto físico. Por acoso verbal hacemos referencia a los comúnmente llamados  “piropos”. Son palabras o frases tanto “halagadoras” como vulgares que le dice un desconocido a otro en la calle o en un espacio público con las que expresa juicios de valor sobre el aspecto físico de quien recibe el “piropo”, sin que éste se lo haya preguntado o permitido. Por acoso mediante el contacto físico hacemos referencia a lo que comúnmente se conoce como “manoseo” que es el contacto o el roce que un desconocido hace con su mano en la cola, los senos o los genitales de la víctima, en un espacio público y sin que ésta lo haya autorizado. Este acoso callejero es más común en el transporte público de TransMilenio, mientras que el “piropo” es más común en las calles bogotanas. Creemos que por ser el “piropo” el más común de los tipos de acoso callejero se ha naturalizado en nuestro país al punto que no solo se considera por muchos como una práctica normal sino positiva, y lo afirmamos porque es muy común que si te quejas de esta clase de acoso eres menospreciado por muchas personas.

Por comentarios que reciben ¿considerarían que el acoso callejero es constante o ha habido cambios en la sociedad?

El acoso callejero sigue siendo constante, si no fuera así no sería un problema. Pero, aunque hasta ahora no hemos recibido comentarios que nos lleven a concluir que algún cambio de comportamiento se ha dado en Bogotá, por nuestra propia experiencia creemos que la sociedad bogotana sí ha cambiado: por un lado ahora es visible el problema y por el otro hay un poco más de conciencia al respecto. Por ejemplo, hemos notado que muchos hombres, bogotanos o provenientes de otras ciudades pero que viven en Bogotá, que en otra época o en sus ciudades de origen jamás se hubieran  cuestionado a sí mismos sobre el problema ahora lo hacen, y de hecho, muchos ya se han puesto de parte de las víctimas de acoso callejero.

Por otra parte, el avance de las normas en Colombia en el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de las personas que hacen parte de la comunidad LGBT, ha impulsado el rechazo a la discriminación y al acoso callejero por cada vez más miembros de la sociedad, sobre todo por los jóvenes quienes se ven más abiertos al cambio dirigido hacia el respeto al espacio privado que tiene cada transeúnte. En ese sentido encontramos la mayor resistencia al cambio de comportamiento en los hombres adultos y de la tercera edad de quienes hemos oído decir cosas como, por ejemplo, que el acoso callejero que ellos llaman “piropo callejero” es un derecho que la Constitución Nacional les otorga bajo el principio de la libre expresión, acusándonos además de  intolerantes y exageradas en nuestra lucha por eliminar estas conductas. Sin embargo y a pesar de estas críticas destructivas y que a nuestro parecer son infundadas, lo cierto es que se está hablando sobre el acoso callejero, lo cual es positivo. Hasta hace pocos años no se hablaba de repudiar o rechazar el acoso callejero, incluso, ni siquiera se mencionaban las dos palabras una seguida de la otra como un problema en la calle. Ahora el debate se está poniendo sobre la mesa, no solamente porque se está haciendo visible mediante nuestra página Web, sino porque en algunos periódicos de amplia circulación ya hablan de ello.

Ante casos de un acoso recurrente ¿Qué recomendación hacen?

El acoso callejero es acoso porque es recurrente, por lo tanto todos los casos de acoso callejero son recurrentes. La recomendación que hacemos frente al acoso callejero es: Hollaback! Holla-back quiere decir “Hola de vuelta!”. Como nuestro nombre lo indica lo que pretendemos es que la víctima responda al acoso callejero en alguna forma. Compartiendo en nuestra página la historia en la que fuiste acosado estás poniendo en conocimiento de otros que no eres la única víctima de acoso callejero. Al leer varias historias como la tuya te sientes que no eres el único que se ha sentido humillado y frustrado dentro de esta situación. Ese compartir genera confianza y ánimo para reaccionar y hacer algo al respecto la próxima vez que te suceda o que a alguien que está en tu entorno le suceda. Lo que pretendemos es hacerle saber al acosador que su comentario, palabra, acto, señal o acción no es bienvenida y por lo tanto que sería muy bueno que la abandonara. Y también queremos que se acabe la indiferencia de la sociedad y nazca una solidaridad frente al tema, para que el acosador sufra la sanción del rechazo social por el cometimiento de estos actos y se abstenga de seguir con el acoso. Imaginamos que si están tocándote en el bus y dices en voz alta “Ya deje de tocarme el trasero, respete!”, el acosador se sentirá señalado y por lo tanto observado por todos los pasajeros del bus, así que su agresión se pondrá en evidencia y en adelante lo pensará dos veces antes de intentar acosar a otra persona. No pensamos que todos los acosadores cambiarán tras escucharnos, pero muchos lo harán y por eso es necesario atreverse a reaccionar. 

Si la pregunta se refiere al caso en que el acoso callejero sea repetidamente entre las mismas personas, es decir, que el victimario sea constantemente el mismo para una sola víctima, la recomendación que hemos dado va un poco más allá. Por ejemplo, el típico caso en donde los trabajadores y transeúntes de una obra en construcción todos los días se topan por estar la obra en un mismo sitio por un largo periodo de tiempo. En este caso hemos recomendado que la víctima hable con ellos, en la medida que sea posible y no se ponga en una situación de riesgo, y les diga que si siguen acosándolo/a escribirá a la empresa en cuestión para presentar una queja. Sin embargo, sabemos que la víctima puede corre un riesgo grande al voltearse y contestar algo al agresor, por ello solo pretendemos que reaccione en la medida de sus posibilidades. Es decir, si la víctima pasa todos los días por un callejón en donde varios agresores la acosan diaria y permanentemente, la recomendación es que no pase más por allí o que en caso de que se vea obligada a hacerlo, no diga nada que pueda generar una situación más grave. Nosotras solo queremos brindar un espacio en donde la víctima se pueda desahogar y al compartir su experiencia con otras víctimas se sienta respaldada para que reaccione ante la agresión, pero sin que se ponga en una situación peligrosa.

 En Bogotá ¿qué leyes existen donde se aborde el tema del acoso sexual en lugares públicos? ¿Consideran que son suficientes y adecuadas para su erradicación?

Nosotras hacemos una distinción entre el acoso sexual y el acoso callejero. El acoso sexual es un delito en Colombia y se tipificó bajo el artículo 210 A del Código Penal que dice: “El que en beneficio suyo o de un tercero y valiéndose de su superioridad manifiesta o relaciones de autoridad o de poder, edad, sexo, posición laboral, social, familiar o económica, acose, persiga, hostigue o asedie física o verbalmente, con fines sexuales no consentidos, a otra persona, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años”. Por su parte Hollaback Atrévete Bogotá lucha por la erradicación del acoso callejero que es lo que se describe en nuestra página Web. Son dos comportamientos diferentes pero que tienden a confundirse por la similitud de sus nombres. El acoso callejero como tal no tiene ningún tipo de regulación en Colombia ni está tipificado en el Código Penal como delito, mientras que, como ya lo dijimos, el acoso sexual sí. Sin embargo, algunos comportamientos que hacen parte del acoso callejero (como el manoseo) son considerados algunas veces como violencia en contra de la mujer. Por lo tanto en algunos casos podemos hacer uso de la Ley 1257 del año 2008 que trata temas de violencia contra la mujer para denunciarlos, pero ésto deja completamente por fuera a la comunidad LGBT y a los otros tipos de acoso callejero que no caben en dicha ley. Pero ese no es nuestro objetivo, nuestro movimiento no pretende que el denominado “piropo” o las miradas lascivas o los silbidos o los insultos o todos los otros tipos de acoso callejero sean tipificados como delitos. Colombia tiene una gran cantidad de leyes y su Congreso expide todos los días más y aun así los índices de violencia son muy altos. Por lo tanto creemos que el sistema penal colombiano ya tiene suficientes delitos como para agregarle más; que también tiene un gran problema de hacinamiento en las cárceles como para querer que suba el número de presos; y que judicializar tanto no ha servido para construir una sociedad mejor. Por lo tanto nuestro objetivo no es meter a todo el mundo a la cárcel sino educar.

¿Qué obstáculos consideran los más difíciles para erradicar o disminuir el acoso en las calles?

El primero es la educación discriminatoria que muchos hemos recibido desde la infancia. Cuestionar lo que siempre se nos ha enseñado es bastante difícil y complejo. Por un lado debemos convencer a las víctimas de que no es una tontería sentirse mal por el acoso y por el otro hacerle ver a la sociedad que son actos que se han “normalizado”, he incluso que algunas personas consideran como algo inocente y positivo, siendo que en realidad es insultante, humillante y vulnera el espacio privado al que cada quien tiene derecho.

También está la errada idea de que los derechos a la libre expresión y al desarrollo de la libre personalidad autorizan a los ciudadanos para que hagan y digan lo que quieran a otros ciudadanos. Convencer a todos de que los derechos tienen límites y que esos límites son los derechos de los demás es una tarea que nos ha resultado bastante difícil, sobre todo porque nuestra sociedad todavía es bastante machista. Esto incluye tanto a hombres como mujeres, pues hemos encontrado muchas mujeres que se oponen a nuestro movimiento.

Por último está la dificultad que hemos tenido para darnos a conocer. Nosotras no contamos con presupuesto que nos permita pagar publicidad y dar a conocer a la sociedad de que hay un grupo que se opone al acoso callejero y que apoya a las víctimas para que entre todos eduquemos a los agresores es tarea difícil. 

 ¿Han tenido conocimiento de casos donde se denuncie el acoso y las autoridades hagan caso omiso a la misma?

No hemos tenido conocimiento de denuncias de acoso callejero como tal, pues no existe delito penal por tal comportamiento. Sin embargo, el caso que más se ha acercado al acoso callejero en la jurisprudencia colombiana fue un fallo famoso de hace unos años en donde el Tribunal Superior de Bogotá, Sala Penal, condenó a 4 años de prisión a un hombre que montado en una bicicleta, al pasar por el lado de una mujer que no conocía, se atrevió a tocarle la cola hasta llegar a su vagina. Pero el fallo fue apelado y la Corte Suprema de Justicia revocó tal condena porque existió un error en la tipificación del delito.

¿Qué opinión merecen las recomendaciones de: evitar el acoso no usando ropa ‘provocativa’, no transitando sola por calles oscuras o solitarias o no salir por las noches?

Creemos que ese tipo de “recomendaciones” tienen dos efectos: el primero es que dan por sentado que hay una responsabilidad o culpa en algún grado por parte de la víctima frente al acoso callejero, cuando en realidad no la hay, y el segundo es que justifica en cierta medida el accionar del acosador, cuando no existe justificación para dicha conducta. Es como si a usted le roban su reloj en la calle y usted va a la policía a poner la denuncia y el policía le dice: “ah no! es que usted no debe usar reloj si no quieren que se lo roben”. Nos preguntamos ¿acaso es su culpa que lo roben por usar un reloj? y ¿acaso es que usted compra un reloj para arriesgarse a que se lo roben? No. El usuario del reloj no es culpable del robo, ni usar reloj justifica que se lo roben. Si fuera cierto que la culpa es de la víctima entonces no existirían la mayoría de delitos del Código Penal, porque entonces el que compra el carro es culpable de que se lo roben porque lo compró,  el que iba caminando por la calle y lo atracaron es culpable del atraco porque iba caminando por allí, al que estafaron es culpable por no ser “vivo” y dejarse estafar y el que fue asesinado es culpable porque se interpuso en el camino de la bala. Por supuesto que no opera así, en ninguno de estos casos la culpa es de la víctima sino de quien comete el delito. En el caso del acoso callejero es igual. Aunque no sea un delito el que se comete, la responsabilidad opera igual. No es culpa de la víctima en ningún caso y nada justifica el acoso callejero, no importa cómo se vista, ni si transita solo o no, ni a qué hora del día sale.

¿Cuál es la importancia de un movimiento como Hollaback en Bogotá?

Creemos que el primer paso para combatir un problema es identificarlo y luego reconocer que estamos frente a un problema. Después viene solucionarlo. Por lo tanto consideramos que lo importante de nuestro movimiento es que estamos visibilizando un problema que siempre ha tenido Bogotá pero que lleva años oculto; estamos poniéndole un nombre a esas agresiones que no tiene nombre. Nosotras trajimos Hollaback a Bogotá porque somos un pequeño grupo de transeúntes que está cansado de ser agredido permanentemente en la calle sin que nadie tome en serio la humillación y frustración que sentimos cuando algunos hombres desconocidos nos insultan, nos tocan, opinan sobre nuestro físico o apariencia, nos persiguen, nos muestran sus órganos genitales, nos miran morbosamente y con muchas otras conductas nos intimidan en la calle. Por eso Atrévete Bogotá Hollaback es un espacio que se abre para todas las víctimas del acoso callejero, para que nos sintamos apoyados y acompañados y que sepamos que no somos unos pocos los que nos sentimos maltratados permanentemente en la calle. Creemos que a través de este espacio podemos formar una fuerza ciudadana que ayude a construir una mejor sociedad para todos. No esperamos que las leyes, los políticos o las instituciones solucionen este problema, sino que queremos desde nuestra misma posición de ciudadanos ayudar a cambiar los comportamientos culturales que atentan contra nuestros derechos.

 Por último: ¿Cómo se ve el galanteo, los piropos y la conquista? ¿Hasta dónde consideran que se rompe el límite entre una estrategia para poder conocer y/o conquistar a alguien y caer en el acoso?

Para contestar esta pregunta es muy pertinente hacer una aclaración: nuestro movimiento no está en contra del “piropo” que un conocido le hace a su familiar, a su mamá, a su amigo, a su novia/o, a su esposo/a, etc. Estamos en contra del acoso callejero que son un conjunto de conductas dentro de las cuales se encuentra el piropo callejero. Y si vamos a hablar de los llamados “piropos” debemos aclarar que esa conducta es tan solo una de las varias formas de acoso callejero y que lo es cuando proviene de un desconocido en la calle. 

Una vez hecha la aclaración, creemos que los piropos callejeros están en la vía contraría de la conquista y el galanteo. Conquistar implica ganar el cariño y la confianza de alguien. Si un hombre quiere conquistar a una mujer es poco probable que lo logre a través de silbidos, manoseos, miradas morbosas o mostrándole los genitales en la calle. Con estos actos más bien lo que logra es intimidarla y de ahí a la conquista hay todo un abismo. Por eso creemos que los hombre que quiere conquistar o galantear a una mujer que no conocen buscan hacer un primer contacto con respeto, brindándole seguridad para que ella se sienta cómoda y lo acepte y no acosándola para que salga corriendo. Nosotras por lo tanto no nos oponemos al galanteo ni a los múltiples ritos de la conquista. Nos oponemos a las conductas que intimidan, que atemorizan y que humillan a una persona en la calle por su género o preferencia sexual. Si de límites hablamos, consideramos que la línea la traza el respeto. El acoso callejero tiene una característica y es que quien acosa se cree con derecho a irrumpir el espacio privado y la intimidad del otro sin ningún límite. Mientras que la conquista conlleva una actitud de reconocimiento de la autonomía e intimidad del otro ya que, como dijimos, el objetivo es ganar el cariño y la confianza de alguien.