“Empecé a gritar muy fuerte…”

Por Camila.

Hola chicas y chicos, está es mi historia..

Hace algún tiempo asistí a un pre- universitario, en los recesos iba a una cafetería cercana con mis compañeros de clase, en la cafetería atendía un sujeto que miraba bastante a las chicas, por lo general no te daba el producto que pedías sin antes mirarte un buen rato, en especial enfocaba su mirada en el pecho de las chicas, con frecuencia te decía algo como “linda”, “mi amor” o “hermosa”. No consideraba necesario dejar de asistir al lugar ni prestarle mayor atención a esta molesta situación..

Un compañero me comentó que este señor me miraba bastante, yo pensaba “No que, en serio.. ja hace rato lo había notado” en ocasiones me miraba durante mucho tiempo, por lo cual se hacía la situación muchísimo más molesta, sin embargo, yo pensaba Camila.. quédate tranquila, es un pervertido más..

Un día llegué bastante temprano a mi clase, hacía mucho frío y necesitaba un baño.. pero el pre- universitario aún no estaba abierto, entonces decidí pedir prestado el baño en dicha cafetería, como siempre estaba este sujeto atendiendo, al principio pensé que no quería prestármelo, entonces para que accediera le dije que le pagaba, (necesitaba un baño con urgencia). Él me dijo siga, allá en esa puerta, entré, hice uso del baño y al salir la puerta no abría, la chapa se movía pero no podía abrir, parecía que estuviera trancada, llamaba para ver si me abría y nada, después de pelear con la puerta varias minutos, sin conseguir que esta se abriera, empecé a gritar muy fuerte, cada véz mas fuerte, en cuanto yo gritaba este sujeto dejaba caer unas cajas llenas de botellas de vidrio desocupadas, de las que hay siempre en las tiendas, entonces ahogaba mis gritos, se oía el fuerte estruendo de las botellas al pegar con el piso y no lo que yo gritaba, pensé, no me va a permitir salir de aquí fácilmente. En ese momento ya no tenía tanto miedo, estaba llena de furia, al ver que él quería dejarme adentro. La puerta era de madera, y en la parte de abajo tenía un hueco considerable, intenté romperlo más para poder salir por ahí, en mi desespero pensé que podía lograrlo, pero la madera de la puerta era demasiado fuerte, al ver que no rompía ni un centímetro más la puerta, grité un poco menos fuerte de lo que había gritado antes que iba a llamar a la policía, a los pocos segundos este sujeto me abrió la puerta, como si nada.. me decía llevaba mucho rato ahí?, yo le dije que sí y le dije que porqué no me abría, a lo que el me dijo que había olvidado que yo estaba en el baño, cuando escuché su estúpida respuesta, sentí de nuevo miedo, quería salir cuanto antes de la tienda, no pregunté mas sobre porque aseguraba la puerta desde afuera o porqué tiraba cajas con botellas, cada véz que yo gritaba… solo quería salir de ahí, le pregunté cuanto le debía, el me miró con desdén y me dijo si no estoy mal.. ahí deme setecientos…

Días después les comenté a mis compañeros lo sucedido, y ellos no me decían nada, se limitaban a mirarme con pesar, creo que pensaban, así como también lo pensé yo durante muchísimo tiempo, que esas cosas eran las que uno tenía que pasar por ser chica y que en parte si recibíamos este tipo de tratos era culpa de nosotras, no del agresor…