Quedé anonadado e incómodo y fue ahí cuando realmente entendí…

Por Gregorio

Era un día entre semana, tal vez las 7 de la noche, iba en un bus de transporte masivo bastante risueño luego de haber ido en compañia de un amigo a “cotizar” unas bicicletas. Estábamos de pie y el bus no iba muy lleno. Allí iba también un hombre al que recuerdo muy bien vestido, tendría unos 50 a 60 años, lo recuerdo con mucha distinción. Un par de veces sentí que me observaba, pensé que seguro me parecía a alguien que conocía, a mi él se me parecía a un reconocido columnista…

El bus ya estaba por llegar a su destino final en el que yo me bajaba pero por lo visto el pasajero antes mencionado se bajaba antes. Justo antes de bajarse me susurró en voz baja “chao lindura” a lo que yo quedé simplemente anonadado e incómodo. Y bueno, repito que lo dijo en voz baja asi que seguro nadie se dio cuenta, tampoco me tocó o hubo contacto físico de ninguna manera. Era un hombre bien vestido y sin embargo no fue de ninguna manera halagador, no fue de ninguna manera una coquetería, fue simplemente incómodo, impertinente. Fue ahí cuando realmente entendí la humillacion cotidiana a la que son sometidas las personas víctimas de los piropos, que además no suelen ser dados por personas tan bien presentadas, ni de forma tan sutil, ni de forma tan inofensiva como el que recibi yo, un hombre heterosexual al que jamas se le hubiera ocurrido ser víctima de algo tan naturalizado.
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