“Miren lo que les tengo aqui…”

Por Paola

Hace un tiempo iba con la hermana menor de mi mejor amiga, caminando por el andén hacia su apartamento en el barrio Quirinal. Por la calle en la que veníamos caminando hay muchos apartamentos y casas, pero en general es una calle tranquila y no muy concurrida porque es una calle que queda en lo que se conoce como una zona residencia. Eran más o menos las 4 de la tarde y veníamos hablando muy desprevenidamente con la hermana de mi amiga cuando un hombre en una bicicleta, vestido con una camiseta roja con azul que parecía de un equipo de fútbol porque era como brillante y pantaloneta negra, que venía por la mitad de la calle, nos alcanzó y pedaleando lentamente paralelo a nosotras comenzó a decir en voz alta: “pisss, pisss, lindas”, “pisss, pisss, a ver una miradita”, “pisss, pisss…”. Como es de costumbre, uno no le pone atención a esa clase piropos y por lo tanto no lo miramos a él, sino que nos miramos mutuamente y seguimos caminando y hablando. Hicimos lo que las mamás dicen que uno debe hacer en esos casos: “ignórelos mijita, porque eso no vale la pena ponerse a pelear con ellos para que lo respeten”. El hombre es su bicicleta avanzo rápido y al final de la cuadra se devolvió. Pero esta vez no por la mitad de la calle sino por el costado por donde nosotras veníamos caminando. Cuando se estaba acercando a nosotras, de frente y muy cerca, saco su pene y nos dijo: “miren lo que les tengo aquí”… Me pasó un frío por todo el cuerpo… la hermana de mi amiga me tomó del brazo muy fuerte, yo le tomé de la mano y nos detuvimos por un momento, nos miramos mutuamente y noté la cara de terror que ella tenía. Supongo que yo tenía la misma cara. Sin decirnos nada, reanudamos el paso y caminamos más rápido con la idea de que habíamos visto mal, de que esto no podía estar pasándonos y de que debíamos llegar pronto al apartamento. El hombre siguió de largo, pero nuevamente al final de la cuadra se devolvió y por detrás nos alcanzó, nos pasó por el lado y cuando nos había adelantado se volteó y nuevamente sacó su pene y se comenzó a masturbar… La hermana de mi amiga me frenó y con la misma cara de terror de hacía un minuto me preguntó: “qué hacemos?” Y a mí solamente se me ocurrió decirle: “nada, sigamos caminando y si se devuelve salimos corriendo”. Pero estábamos tan aterrorizadas, intimidadas, con miedo de que algo más nos pudiera pasar que entonces, sin esperar a que ese hombre volviera a pasar, salimos corriendo y no paramos hasta llegar al apartamento. Cuando entramos le contamos a mi mejor amiga lo que había pasado y entramos en un estado de nervios que no sé cómo describir. Solo pensaba en que ese hombre nos hubiera podido hacer no sé que cosas más y de solo pensarlo me sentí atemorizada… me sentí muy asustada, avergonzada y humillada. No quería salir de ese apartamento nunca más en mi vida, quería quedarme allí por siempre, escondida de hombres como ese. No me importaba pensar en quedarme recluida el resto de mi vida en un hogar que no era el mío, con tal de no tener que pensar en que algo malo en la calle me podía pasar. Le pedí a mi mamá que me recogiera esa tarde en el apartamento de mi amiga porque yo no quería volver a caminar por esa calle, ni por ninguna otra calle en Bogotá… ya han pasado muchos días y todavía no me siento capaz de salir a la calle sola.
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