Sí se puede coquetear en el espacio público, pero hay todo un ritual detrás de eso

Por Mariana

Un sábado en la mañana me subí en mi bus luego de cumplir una cita muy temprano en Gran Estación. Mi bus va para Kennedy y toma la av 68 a la altura de la 13. Yo iba mirando por la ventana y veo a un muchacho alto y muy lindo que estaba en la calle.

Él paró el bus y se subió, yo lo seguía atenta con la mirada y él se fijó. Pagó su pasaje y se sentó a mi lado aún cuando habían muchos asientos desocupados. Yo entonces me hice la loca, como quien nada que ver. Él me miraba pero no se animaba a hablarme. Pasaron unos minutos sin que ninguno de los dos dijera nada y entonces me animé y le dije “sabes si este bus me deja lejos de X parte?” Y empezamos a hablar de tonterías… coqueteamos, intercambiamos números.

Cuento esto porque la otra vez me tildaron de retrógada por decir que no estaba de acuerdo con los piropos callejeros. Sí se puede coquetear en el espacio público, pero hay todo un ritual detrás de eso, uno ve primero si la otra persona está interesada, y crea un contexto para luego ir más allá. A los piropeadores no les interesa coquetear sino molestarte, sentirse poderosos.

Y bueno, ya vamos en nuestra segunda cita y hablamos de esto, él estuvo de acuerdo conmigo y sabía de Atrévete y me sugirió que escribiera acá.

Sobra decir que ahora que sé que también está en contra del acoso callejero, me gusta más 🙂

[got_back]