Nunca antes me sentí tan impotente.

Por Ana María.
El 17 de mayo del año pasado, iba en mi camino a la universidad, a la clase de 9 pero; como es normal; iba un poco tarde. Llevaba un vestido, todo era como de costumbre, hasta que el transmilenio se movió y sentí que algo golpeaba mi pierna, miré y era una mano con un celular boca abajo en ella. No reaccioné inmediatamente, esperé un momento para cerciorarme de lo que estaba pasando, un hombre de aproximadamente 45 años estaba filmando bajo mi falda. Lo tomé del brazo y le dije “usted qué está haciendo”, tiré el celular al piso y comencé a decir en voz alta “este malparido me estaba filmando bajo la falda”, mi reacción fue mucho peor cuando vi que nadie hacia nada más que mirarnos, nadie dijo nada, nadie hizo nada. Cuándo paró en la estación este hombre hizo fuerza y bajo del transmilenio pero yo no lo solté, lo tenía fuerte del brazo, busqué un policía con la mirada pero no vi ninguno, él jaloneo y se me soltó.
Desapareció entre la gente, si me preguntan su rostro, no podría recordarlo, sin embargo, recuerdo claramente la mirada de esa gente que no hizo nada, que no dijo nada. No era la primera vez que vivía el acoso, no sería la última tampoco, sin embargo, nunca antes me sentí tan impotente.
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