Acuerdos para no morir

Foto: Pacifista
Foto: Pacifista

Brasil, 2012. Dos jóvenes que se dirigían a su casa fueron apedreados por un grupo de desconocidos. Los atacantes vieron al par de hombres abrazados caminando e infirieron que se trataba de una pareja gay. Resulta que eran hermanos.

Hace a penas unos días en Bogotá, fue asesinado un joven que estaba maquillado como parte de un juego con su familia luego de haber celebrado el baby shower de su bebé.

Al salir a la tienda, Brayan recibió insultos por la forma como lucía y acto seguido una mujer lo atacó por la espalda causándole la muerte.

Encontrar las motivaciones de estos crímenes resulta, por desgracia, fácil.

Cualquier rasgo de feminidad en los varones es brutalmente censurado. No tenemos que ir muy lejos en nuestros recuerdos para encontar ideas de lo anterior: niños ridiculizados por sus ‘amaneramientos’, por mostrarse sensibles, por evitar la confrontación violenta.

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Los niños crecen con la obligación de demostrarle al mundo de forma constante que son merecederos de ser llamados ‘hombres’. Cuando transgreden ese llamado, pueden ser asesinados, como Brayan, como los hermanos en Brasil que mostraban su afecto en público, como esos otros que se pusieron tacones y decidieron caminar orgullosos.

Al odio no le importa si se trata de un juego o de tu identidad. No diferencia, sólo ataca.

En tiempos en los que algunos sectores políticos y religiosos piden desechar el enfoque diferencial y de género de los Acuerdos de la Habana, necesitamos recordar que a una buena parte de la población la matan por existir, por parecer una ‘anomalía’ ante los ojos de quienes no aceptan la diferencia.

Por años escuchamos de boca de maestros, padres y madres, la premisa que la paz se construía desde nosotros. Ahora mismo tenemos la posibilidad de comprometernos a hacerlo como país a través de un pacto que nos llama a  asumir nuestras propias acciones violentas, y a un ejercicio por entender cómo afectó el conflicto de manera particular a la comunidad LGTBI.

El enfoque, lejos de amenazar a la sociedad, la redime.
Necesitamos hacer contacto visual con los que por desición o desidia no lo hicimos antes. Los acuerdos y el enfoque son el camino.

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