De una hincha feminista a su querido equipo

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Tomada de www.independientesantafe.com

Por Angélica Jiménez

Desde que recuerdo he apoyado a ese equipo rojo capitalino que se llama Independiente Santa Fe, por lo que no puedo negar la tristeza particular que me embarga como hincha ante los hechos acontecidos a principio de año. Pero esto va mucho más allá. No voy a decir como otros que esto es algo para dañar la imagen del club porque no me atrevo a banalizar esta situación al color de la camiseta. No sé si lo sucedido fue una violación o un asunto de dinero.

Sin embargo, la sola presunción de violación es un tema bastante serio que no deberíamos simplemente dejarlo pasar bajo argumento tan superfluos como el que sea el equipo al que sigo o, mucho menos, porque tiene que ver con una trabajadora sexual.

No hay ninguna situación en la que esto sea justificable. Sí, ella es una trabajadora sexual, pero eso no significa, de ninguna manera, que los demás puedan hacer con ella lo que quieran. Ser una trabajadora sexual es cambiar servicios sexuales por dinero, todo bajo el marco de un debido acuerdo a nivel monetario y, mucho más importante, consensual. Muchos dicen que “quién la manda a ella por prestar esos servicios”, muchos se burlan de que pudo haber sido violada porque no entienden cómo le pasa esto a alguien que vive de vender su cuerpo, muchos las deshumanizan y creen que por su trabajo se trata de un pedazo de carne a disposición de un consumidor cualquiera. Pero esto no puede estar más alejado de la realidad. Las trabajadoras sexuales están cumpliendo con una labor, por demás desprotegida legalmente, que merece tanto respeto como el que cualquier de nosotros tenemos, ellas siguen siendo humanas, siguen siendo personas que merecen respeto.

No soy la Fiscalía ni tengo pruebas para afirmar si esta mujer fue o no violada, y eso es algo que nada más que ella, y los directamente implicados lo saben. No voy a decir que estos jugadores son los culpables, no voy a decir mucho menos que ella es la culpable. Sólo queda esperar a que ella, las personas involucradas y los entes competentes aclaren estos hechos, que además se han vuelto aún más confusos por todo el trato de una prensa amarillista. Pero si de algo estoy segura es que estas situaciones no son un chiste, una violación, una presunta violación no es un chiste. No importa el color de la camiseta, no importa el trabajo de una persona, estos son asuntos serios y no de risas.

 

Yo soy hincha de este equipo que tantas alegrías deportivas me ha dado, pero que pierden su significado si son capaces de ultrajar la dignidad de otro ser humano. Yo admiro a los jugadores de este equipo por su juego en la cancha y voy a verlos y apoyarlos cada vez que puedo, pero soy también mujer, soy también una persona. No podemos cerrar los ojos porque han sido nuestros “ídolos”, porque son deportistas. No voy a decir que el club es el culpable porque nada parece indicarlo como tal, pero sí sé que en el momento en el que callan se vuelven una suerte de cómplices. En una vida en que la mujer es tan vulnerable a situaciones de violencia sexual (y muchas otras) necesitamos no quedarnos callados sino pronunciarnos con vehemencia.

 

De los medios de comunicación

Aún hoy sigo sin comprender la razón de tanto amarillismo. Estamos frente a un asunto de gravedad y los medios sólo buscan hablar de si fue una fiesta o una cena, no de una presunta violación sino de un escándalo o una “fiesta sexual”.

 

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Dice el encabezado del artículo de El Espectador “lío con una trabajadora sexual”

Fijemos nuestras prioridades. A estas noticias las encabezan títulos que poco se preocupan del verdadero problema.  Además de tratarlo como algo secundario, insisten en hablar y detallar los títulos del equipo y las jugadas del partido que los llevó al triunfo aquella vez. ¿Es eso realmente necesario?
Claro que es importante que informen sobre los diversos asuntos que suceden en el país, pero hay que tener tacto para no banalizar los crímenes, cualquiera que estos sean. Cada vez que suceden episodios de violencia contra las mujeres los medios no dejan de decir “no más violencia” y se inundan de titulares contra estos hechos, pero suele suceder que luego de relatos morbosos las noticias dejan de ser “populares” y entonces simplemente se sigue a otras de “mayor interés”. No es posible entonces ver una verdadera preocupación por estas problemáticas, ni por parte de los medios ni por parte de las personas que comentan en ellos.
Ver los foros de las noticias, los comentarios y reacciones es algo que a uno lo deja perplejo. En las redes sociales abundan los chistes, todo a razón de una presunta violación, todo a razón de que la directamente dañada sea “tan solo” una trabajadora sexual, una prostituta, una puta, una fufa, una prepago. Por su trabajo dicen que se trata sólo de dinero y que ellas están acostumbradas a eso, que es su trabajo mismo. Pero realmente me cuesta creer que el trabajo de alguien sea ser violado. No tenemos que compartir lo que ellas hacen así como no compartimos otros trabajos, pero siempre y cuando sea su decisión (cosa muy distinta es la trata de personas) estamos hablando de un trabajo como cualquier otro, nos guste o no en este país de tan múltiples morales.
Una gran cantidad de personas se apresuran a dar sus juicios como si ya hubieran investigado y tuvieran todas las pruebas necesarias, otros simplemente creen que no las necesitan por la proveniencia de la presunta víctima. Los medios no ayudan. Noticia tras noticia las cosas se vuelven más confusas y todo es una maraña de información que no sabemos de dónde proviene realmente. Hablamos de cenas, de fiestas, de escándalos, de desconocimiento oficial institucional. Sacan noticias repetitivas y sin una verdadera preocupación por lo sucedido.

 

Los medios no tienen el deber de pensar por nosotros, pero sí creo firmemente en que tienen que ser responsables de sus palabras y de cómo informan. Estamos acostumbrados a que los medios hablan de lo que vende, hablan de forma acrítica, pero no debe ser así. Acá hay una falla compartida entre todos nosotros y no debemos ser ajenos a ello.

 

Del comunicado de Independiente Santa Fe

Ante todo este despliegue de los medios Santa Fe sacó un comunicado en el que dice que va a colaborar con las investigaciones, que es apenas lo obvio que debe hacer. Pero si continuamos leyendo veremos líneas abajo algunas cosas en particular que me hacen cuestionarme acerca de la posición del club principalmente:
“Consideramos a la mujer como el ser más sagrado del universo, el eje central de la sociedad y condenamos cualquier acción en contra de las mujeres, proveniente de una persona vinculada a la institución o de cualquier persona.”

 

Agradezco profundamente que condenen cualquier acto, pero es lo que todos deberíamos hacer, porque nadie merece ser violentado. Sin embargo, no queremos ser el “ser más sagrado del universo” ni el “eje central” de nada. Nosotras no somos más que nadie, pero mucho menos somos menos que alguien. Nosotras somos seres humanos como cualquier otro que merecen los mismos derechos y esto no debe estar en textos cargados de un parco romanticismo, de palabras vacías, sino en acciones concretas.

 

  “Nuestra institución, nuestra hinchada, nuestros niños y jóvenes no tienen por qué verse afectados en una historia particular que nada tienen que ver con el desempeño empresarial  y deportivo del club, por esta razón institucionalmente no haremos más pronunciaremos sobre este tema,  que le corresponde a las autoridades competentes.”

 

Es claro que hay varias acciones que sólo le corresponden a las entidades pertinentes, porque son quienes saben llevarlas a cabo, son quienes tienen las herramientas y la capacidad de llevar a buen término una investigación que permita dar cuenta de lo sucedido y de las acciones que ejecutar. Pero decir que el club no hará ninguna otra pronunciación a nivel institucional no es más que una forma de desentenderse del asunto. Es como decir que van a ayudar pero no tanto porque no les compete realmente.

 

  “Las acciones de las personas son individuales y la responsabilidad de hechos por fuera de la ley es personal, en los eventos en que ello suceda.”

 

Sí, el club no la violó, pero puede que varios de sus integrantes y exintegrantes sí. ¿No es eso suficiente para que hablen y hagan todo lo posible por esclarecer este hecho para que se puedan tomar las medidas pertinentes? Si efectivamente hubo alguien, tan siquiera una persona dentro del club que cometió semejante atrocidad la institución debe pronunciarse. Lo anterior no es porque el club sea el culpable, pero sí por una responsabilidad ética de la institución. No pido que el club pague por los resultados de acciones individuales, pero vaya que debe hacer algo para que ni vuelva a suceder ni quede impune. ¡Necesitamos más contundencia!

 

Nuestra responsabilidad como Directivos es el manejo empresarial de la institución y la consecución de logros deportivos, por ello saldremos a buscar un triunfo contra el club deportivo los Millonarios el próximo domingo, en el sueño de lograr otro título para nuestra amada afición.”

 

Y acá seguimos con más de lo mismo. ¿Cómo podremos entender que ni este ni ningún club son sólo deportivos? Ninguna institución puede simplemente ignorar la parte humana de su conformación y mucho menos la violación ejecutada hacia sus integrantes ni por parte de ellos. Soy hincha y no voy a negar que sigo esperando los juegos y triunfos de mi equipo. Pero las cosas donde son y como son. ¿Era necesario hablar de un partido cuando estamos encarando una presunta violación? No ayudemos a banalizar las cosas, no banalicemos unos hechos de presunta violencia.

 

Es posible que hayan violado a una mujer, y si bien no debemos emitir juicios sin pruebas tampoco debemos callarnos. Si todo esto en verdad sucedió, si hubo una fiesta, si fue una violación o un asunto meramente monetario es algo que toca aclarar. Si fue por plata toca que las personas implicadas respondan porque igual es una falta a lo pactado, y si fue una violación con más veras hay que responder. Estamos hablando de violencia contra un ser humano. Si eso no es lo suficientemente importante entonces, ¿qué lo es?

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