Amaranta, Maluma y Nacho: sus cuerpos y de nadie más.

Por Nathalie Murcia.

Amaranta Hank, Muluma y Nacho Vidal comparten, con pocos días de diferencia, titulares en los medios de comunicación. Los tres habían pasado por experiencias que les valían el reproche de sus críticos y seguidores.

Hank se había negado a último momento a grabar un vídeo porno con un hombre ganador de un concurso que ella misma había organizado. La razón, encontró un tweet en el que el sujeto decía que eran las mujeres las que debían negarse a “ser culiadas tan fácil” para luego no quejarse de que las botaran. En seguida la actiz comunicó su negativa a filmar cualquier tipo de contenido con una persona que pensara de esta manera.

Al momentos sus seguidores se volvieron voces amenazantes que le reclamaban por no filmar el vídeo y se burlaban de su determinación pues según ellos, alguien que se dedicara a hacer porno, no podía negarse a nada.

 

 

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El siguiente turno fue para Maluma. En uno de sus shows, una asistente subió a la tarima e intentó besarlo, acto que él rechazo con evidente fastidio. Aunque la crítica no fue tan violenta con él, si destilaba la típica homofobia que sale a relucir cuando un hombre rechaza a una mujer.

Finalmente, Nacho Vidal denunció que fue abusado por un médico en la clínica el Country de Bogotá. El actor requería de atención por un dolor de oído y el médico terminó por hacerle un ‘chequeo’ en sus genitales. Al ser remitido al otorrinolaringólogo, Nacho preguntó si el procedimiento anterior era normal, y confirmó que la supuesta revisión se trataba de un abuso.

En contraste con Hank, la virulencia que se muestra contra las mujeres, se convierte en material de humor cuando los abusos van hacia los hombres.

 

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En todos los casos despojamos a los invididuos de su dignidad y su derecho a autodeterminarse. Esto se enfatiza cuando estas personas se muestran como abiertamente sexuales o el sexo mismo es su trabajo.

Hay algo para pensar si permitimos y animamos a trivializar el abuso, o si nuestra condena está mediada por a quién o en qué situación se dé.

Bien puede que suene a consigna trillada pero vamos a tener que decirlo hasta que todos lo entendamos: el límite es el consentimiento.

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